Puedes caminar lentamente, observando todo: conchas que brillan con la luz de la mañana, pequeños cangrejos que se desplazan, el aroma a sal y pino en el aire. Quizás te encuentres con un viejo amigo o un transeúnte, compartiendo una sonrisa ante algo aparentemente trivial: una ola un poco más alta, un ave que aterriza inesperadamente.
O puedes poner tu caña, sintiendo el suave tirón de un pez curioso, riéndote de las pequeñas sorpresas que trae el mar. A veces peces, a veces algas flotando, a veces una pequeña ola que salpica sobre el muelle y moja tus calcetines.
En la playa puedes sentarte y no hacer nada, dejando que tus pensamientos floten con el ritmo de la marea, mientras niños y amigos construyen castillos de arena y el horizonte parece interminable. El muelle invita a la conversación, al silencio y a los sueños que no se encuentran en ningún otro lugar.
Y cuando el sol se pone, todo se tiñe de rosa y naranja, el agua refleja el cielo como una pintura. El aroma a sal, pino y piedras cálidas permanece. En la Bahía de Blis, el tiempo parece detenerse. Un lugar donde la diversión y la pesca, la calma y el descubrimiento se encuentran en perfecta armonía.



